23 octubre, 2021

CONCESIÓN DE LOS PREMIOS DEL I CERTAMEN DE MICRORRELATOS BIBLIOTECA “FERNANDO LEÓN LERDO DE TEJADA”, DEL IES JULIO VERNE.

Tomás Sánchez Rubio,
coordinador de la Biblioteca.

El pasado martes 24 de abril de 2018, se reunieron los miembros del Departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES “Julio Verne” de Sevilla, Rosario Cabrera, Nuria González, Alicia López, Juan Peña, Tomás Sánchez, coordinador de la Biblioteca del Centro, y Soledad Paredes, jefa del citado Departamento, para acordar la concesión de los premios -en sus distintas categorías- del I CERTAMEN DE MICRORRELATOS, organizado por la Biblioteca “Fernando León Lerdo de Tejada” del mencionado Centro.
Los ganadores, escogidos de entre un total de doce participantes, resultaron ser los siguientes:

-Categoría A. Alumnos de 1º y 2º ESO.
Dª. Carmen Colmenero Cuevas, de 2º ESO B, por su relato “Pallete”.

-Categoría B. Alumnos de 3º y 4º ESO.
Dª. Macarena Gálvez Maldonado, de 3º ESO D, por su relato “Lo que esconde el corazón”.

-Categoría C. Alumnos de Bachillerato y Ciclos:
Dª. Araceli María Benítez Díaz, de 1º Bachillerato A, por su relato “Pesadilla”.

Tal como quedó reflejado en las bases del Certamen, publicadas el 13 de marzo de 2018, los premios, para cada categoría, consistirán en una tarjeta de la tienda FNAC valorada en 30 euros, así como en el correspondiente diploma acreditativo. La fecha de entrega de dichos premios se acuerda que tenga lugar en el acto de despedida del curso a finales del mes de junio de 2018.

A continuación, os ofrecemos los relatos ganadores:




PALLETE

Aquella melodía tranquila se le antojaba como gotas de lluvia cayendo al asfalto en una mañana borrosa por la espesa niebla, con pisadas impacientes en los crecientes charcos, tomando el papel principal de la canción. Elián cerró los ojos mientras alargaba más la última nota hasta hacer desaparecer la imagen mental junto al final de la música.

Suspiró, y eso era una señal subliminal para Stelian, porque eso significaba que Elián ya había terminado por ese día. Aunque, claro, estaba lloviendo, justo como el muchacho sentado en el piano había imaginado mientras acariciaba las letras.

Eso fastidiaba a Stelian; se aburría, pero Elián parecía tan absorto en dejar su cuerpo, alma y pensamiento en aquel instrumento que solo podía esperar escuchándolo.

Elián quería plasmar todo lo que sentía al sentarse frente al piano; anhelaba hacerlo, pues nunca podría expresarlo con palabras. Si ese día parecía ser todo de un alegre amarillo, tocaría una pieza alegre; si el muchacho sentía que todo había sido de un triste color azul, comenzaría lentamente, hasta que acabase por convertirse en un color más brillante.

Porque, después de todo, sus pensamientos eran una excéntrica paleta, con colores de todo tipo.

Carmen Colmenero Cuevas, de 2º ESO B




LO QUE ESCONDE EL CORAZÓN

Mi lucha diaria, mi lucha interna. Entre los demonios que me abrasan y los ángeles que me deslumbran. Entre conocer la verdad o ignorarla. La duda me está matando, necesito oírte decir las palabras. Necesito quitarte esa coraza, entrar en esa oscuridad que te perturba y darle luz. Evitar lo que pasa no es una opción…

Carolina no podía dejar de escribir. Su corazón bombeaba con fuerza mientras las lágrimas cubrían su rostro. Tenía que hacerlo, no podía actuar como él. Ella no se rendiría. Era consciente de lo que pasaba, solo tenía que hacerle ver que merecía la pena arriesgarse, darse la satisfacción de sentir. Le llevó un tiempo terminar de escribir la carta, pero la sensación de libertad que la inundaba hacía que no hubiese sido en vano. La cogió de su escritorio, se puso las converse y fue corriendo a casa de Carlos para dársela. Sentía sus latidos bajo la piel y como la adrenalina y el miedo le corrían por las venas. Tardó diez minutos en llegar, pero se quedó quieta en la entrada incapaz de llamar. De repente la puerta se abrió y Carlos salió, sorprendiéndola y ruborizándola.

Entonces ella supo que era el momento.

Macarena Gálvez Maldonado, de 3º ESO D




PESADILLA

Se despertó sobresaltado y entre lágrimas explicó a su padre su reciente pesadilla: “Mientras jugaba con Jaime en el colegio, de repente, me empezaron a crecer las manos, los pies, una incipiente barba oscura, mi edad se multiplicó por seis y poco a poco veía el suelo más lejos. Veía a niños bebiendo de una charca sucia, ancianas siendo desalojadas por no poder pagar las facturas, familias con un trozo de pan para comer y el estómago vacío, mientras otros tenían la mesa colmada de alimentos que acabarían en el cubo de basura… Ilusiones habitando en niños que quieren ir al colegio por primera vez, siendo a su vez tan utópico que rozaba lo impensable; gente infame que mataba en son de paz y que negaba la asistencia médica; familias que llamaban hogar a un techo en mitad de la nada…”

Y su padre, mientras tanto, se preguntaba cómo le diría que su peor pesadilla era la más pura realidad.

Araceli María Benítez Díaz, de 1º Bachillerato A